lunes, 21 de noviembre de 2011

Biblioteca Digital Ciudad Seva - Sobre el Arte de Narrar

Hace algunos años que hemos visto como crece la generosa colección de textos de "Ciudad Seva" un espacio de internet creado por el escritor y profesor Luis López Nieves, catedrático de la universidad del Sagrado Corazón de Puerto Rico. Desde 1995, Ciudad Seva ha servido para que este escritor comparta con alumnos, profesores e internautas en general, de manera libre y gratuita, sus colección personal de literatura en una gran variedad de géneros, y hoy este portal se ha transformado en un espacio de divulgación literaria en constante renovación, con un grupo editorial formado por intelectuales y comunicadores, que revitalizan y mantienen sus contenidos.

Hoy llegamos a este espacio indangando en la web textos sobre el arte de narrar, y justamente encontramos en nuestro buscador un espacio en este portal con este fin divulgativo:


en el que recomendamos esta colección de ensayos de diversos autores:

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Opiniones y Consejos
de los Maestros
Sobre el Arte de Narrar
AristótelesEl arte poética - Tragedia
Baudelaire, CharlesConsejos a los jóvenes literatos
Bioy Casares, AdolfoExtractos de entrevistas
Prólogo: Antología de la literatura fantástica
Borges, Jorge Luis16 consejos
Acerca de mis cuentos
Cómo nace un texto
El idioma analítico de John Wilkins
¿Por qué no escribe novelas?
Bosch, JuanApuntes sobre el arte de escribir cuentos
Calvino, ItaloCómo escribo
Cuentos fantásticos del XIX
Camus, AlbertNovela y rebeldía
Carpentier, AlejoEl adjetivo y sus arrugas
Carver, RaymondEscribir un cuento
Chejov, AntonConsejos a un escritor
Consejos para escritores
Cortázar, JulioAspectos del cuento
Conversaciones con Cortázar
Del cuento breve y sus alrededores
El sentimiento de lo fantástico
La esfera de los cuentos
La teoría del túnel
Policrítica en la hora de los chacales
Sobre el cuento
Faulkner, WilliamEntrevista
Galeano, EduardoSobre el arte de un escritor
García Márquez, GabrielAdvertencias de un escritor
Asombro por Juan Rulfo
Botella al mar para el dios... - Discurso
Fantasía y creación artística...
La soledad de América Latina - Discurso
Manual para ser niño
Para contar historias
Sobre la gramática
¿Todo cuento es un cuento chino?
Hemingway, ErnestVarios consejos
Hernández, FelisbertoSobre sus cuentos
Hugo, VíctorPrefacio de Cromwell - Manifiesto romántico
Kafka, FranzSobre el arte de escribir
Lispector, ClariceNotas sobre el arte de escribir
Lovecraft, H.P.Algunas notas sobre algo que no existe
Sobre el arte de escribir cuentos fantásticos
Matute, Ana MaríaLos cuentos vagabundos
Maupassant, Guy deLa novela: Prólogo a Pedro y Juan
Menton, SeymourCinco técnicas
El primer cuento mágicorrealista...
Historia de un libro y de otros cuatro
La muerte de Monteforte Toledo y el asesinato...
Manual imperfecto del novelista
Monterroso, AugustoDecálogo del escritor
Discurso recepción... Príncipe de Asturias
El autor ante su obra
Unas palabras sobre el cuento
Nietzsche, FriedrichDiez mandamientos para escribir con estilo
O'Connor, [Mary] FlanneryEl arte del cuento
Onetti, Juan CarlosEl decálogo
Orwell, GeorgePor qué escribo
Pardo Bazán, EmiliaLa cuestión palpitante
Prefacio a Un viaje de novios
Poe, Edgar AllanMétodo de composición
Quiroga, HoracioDecálogo del perfecto cuentista
La retórica del cuento
Manual del perfecto cuentista
Ribeyro, Julio RamónDecálogo para cuentistas
Rilke, Rainer MaríaCartas a un joven poeta
Rulfo, JuanEl desafío de la creación
Entrevista a Juan Rulfo
Tolkien, J.R.R.Sobre el cuento de hadas
Tolstoi, León¿Qué es el arte?
Unamuno, Miguel deCómo se hace una novela
Tres novelas ejemplares y un prólogo
Vargas Llosa, MarioConsejos a un joven novelista
El dato escondido
Vega, Lope deArte nuevo de hacer comedias... - Drama
Wilde, OscarLa decadencia de la mentira
Prefacio de El retrato de Dorian Gray
Woolf, VirginiaEl punto de vista ruso
La narrativa moderna
Zola, ÉmileThérèse Raquin: Prólogo a la segunda edición

Sobre la vida y obra del profesor Luis López Nieves hemos encontrado una extensa y abultada bibliografía, y aunque poco sabemos de su condición humana, imaginamos que ha de ser de alta calidad, a la vista de su sensibilidad ante la obra literaria de tanto autores que hmos visto expuestos en su espacio Ciudad Seva. Como sabemos al revisar la historia de Puerto Rico, este estado del Caribe actualmente vive bajo el signo y la administración impuesta por dominación represiva por el gobierno de los Estados Unidos, y sabemos que la población de Puerto Rico clama por su independencia política de este estado, que nada tiene que ver con la cultura y la sociedad del pueblo de Puerto Rico, quienes, como otros países en el mundo soportan con dolor la imposición de la hegemonía cultural, política y económica de uno de los estados aparentemente más poderosos de nuestros días.

Se nos ocurrió revisar en la web sobre posibles obras de este autor relacionadas con la realidad social y política contemporanea de Puerto Rico, atendiendo el tema de la incorformidad con el estado dominante, y encontramos un cuento breve, realizado a partir de la reconstrucción histórica, en otros tiempos conocida como "Crónica" sobre un hecho de la historia de Puerto Rico, y del que luego de su lectura recomendamos aplicar el dogma del blog "Liberen a los Libros" que recitaremos como preámbulo,parte de nuestro rito:


Inspirados por las obras de Bradbury (Fahrenheit 451, El hombre Ilustrado), y de Walter R MIller (Cántico a San Leibowitz): recomendamos que al descargar un libro de este blog: a).-, guarde un copia en un CD, Pendrive, o en el disco de su computador b).- Suba una copia del libro descargado a un portal de difusión de literatura libre d).- lleve una copia a centros de información y documentación e).- Memorice el texto del libro. Ayudemos todos y todas a liberar a los libros.





En la muralla de San Juan

Luis López Nieves/ESPECIAL PARA EN ROJO

al maestro Pedro Juan Soto
Hay un olor a sangre
rondando nuestros pasos
-Nelson del Castillo
La mañana del 10 de mayo de 1898 unos tres mil ciudadanos
contemplaban en silencio, desde la muralla norte de la ciudad de San
Juan, a los seis buques de guerra norteamericanos que acababan de
llegar en formación de ataque. Más arriba, en la ciudadela de El Morro,
el gobernador de Puerto Rico y sus ayudantes militares, hechos los
preparativos de la defensa, también esperaban en silencio. Tanto los
civiles como los militares apoyaban los codos sobre las murallas
centenarias. Nadie se movía, nadie hablaba. Todos observaban, desde
lo alto de la espesa muralla, a los seis acorazados inmensos. Con algo
de asombro, y mucho de terror, se preguntaban si se trataría de una
mera bravuconada de la Armada Norteamericana o del preludio de un
ataque verdadero.
En las cubiertas de los buques los marineros norteamericanos apenas
se movían. La mayoría ocupaba sus puestos de combate al lado de los
cañones. Otros estaban sentados en las bordas de sus naves sin hacer
nada: contemplaban las murallas de la exótica ciudad como turistas
silenciosos, balanceando las piernas sobre el agua verde.
En ese juego de ajedrez paralítico transcurrieron unas dos horas. La
ciudad inmóvil, meditabunda; los buques de la flota enemiga
meciéndose despacio sobre las olas del Océano Atlántico.
De pronto, el aire y la tierra temblaron: se escuchó un estrépito tan
violento, tan inesperado, que la mayor parte de los espectadores
sanjuaneros, excepto los militares, dieron un paso atrás y se taparon
los oídos con las manos. Las bocas de seis grandes cañones, uno en
cada buque, arrojaron repentinas lenguas de fuego y nubecillas de
pólvora. En seguida se escuchó un silbido siniestro, agudo, horrífico,
que se acercaba a la ciudad a velocidad incomprensible. Y por último,
todo en cuestión de dos segundos, se escucharon los recios impactos
de los proyectiles.
El comienzo del ataque había sido simbólico: cada buque, a pesar de
sus decenas de cañones, había hecho un solo disparo. Dos de éstos
fallaron. Volaron por encima de las cabezas de los ciudadanos y se
perdieron detrás de la ciudad, en la distancia; es posible que cayeran
en la Bahía. Dos grandes balas de cañón golpearon las murallas de la
ciudad y rebotaron como si fueran de goma. La quinta bala se incrustó
en la pared norte de la antigua Iglesia de San José, donde descansan
los restos de Juan Ponce de León, conquistador de Puerto Rico. Y la
última gran bala de hierro, la sexta, golpeó en el pecho a la hermosa
Verónica Toledo, nacida y criada en San Juan, a quien destrozó frente
a las miradas incrédulas de sus cinco hermanas y tres hermanos.
Si Verónica Toledo no hubiera muerto ese día, se habría casado el
próximo domingo, 15 de mayo de 1898, a las cuatro de la tarde, en la
Catedral de San Juan. Luego se hubiera ido de luna de miel quizás a
París, destino predilecto de los criollos de la época, o tal vez a la
romántica ciudad de Venecia, que siempre ha sido destino de
enamorados. Meses después habría regresado a San Juan y le hubiera
contado a su familia sobre el Arco del Triunfo, el Bosque de Bolonia y
los anchos bulevares parisinos; o hubiera descrito, casi sin aliento, sus
paseos en góndola bajo la luna y las estrellas venecianas.
Dos, cinco o diez años después de su regreso de la luna de miel,
Verónica Toledo habría tenido el primero de sus muchos hijos. Uno de
éstos -el primogénito o el cuarto o el séptimo- se hubiera llamado
Jacobo Sanz, como su padre, y es verosímil que se habría hecho
médico, igual que éste. Y el doctor Jacobo Sanz Toledo, hijo de
Verónica, varias décadas después se hubiera casado también,
probablemente en la misma Catedral de San Juan, pero a causa de las
guerras europeas hubiera pasado la luna de miel en la Ciudad de
México, escuchando la vigorizante música de los mariachis, o tal vez
bailando tangos eróticos en el mismísimo Buenos Aires. Y al regreso de
la luna de miel la nuera de Verónica habría tenido también sus hijos, y
una de las niñas -la primogénita o la tercera o la séptima- se habría
llamado Verónica, como la abuela, y es evidente que se habría negado
a estudiar medicina, como su padre, porque hubiera insistido en vivir
su propia vida sin que ninguno de sus familiares se entrometiera ni le
diera órdenes impertinentes.
Por eso es muy posible que hubiera estudiado Derecho o Periodismo.
Se habría hecho defensora de los pobres y de los perseguidos políticos
y de las mujeres maltratadas, y como resultado natural de su crianza,
de su época y de su grande inteligencia, es obvio que, a pesar de las
protestas airadas de toda la familia, Verónica la Nieta habría salido
independentista. Habría pertenecido a algún partido político
antinorteamericano y participado en marchas y en protestas, y es
posible que hasta le hubiera dado por tomar las armas para expulsar a
los norteamericanos de la colonia de Puerto Rico. Mujer apasionada, se
habría entregado a la lucha por la patria -una especie de
autoinmolación conspicua- y toda la familia le hubiera advertido,
muchas veces, que estaba echando a perder su vida. Algunos de ellos,
tal vez hasta su abuelo el doctor Juan Sanz, le habría retirado la
palabra a su nieta la subversiva, y uno que otro de sus hermanos
asustadizos también le hubiera empezado a negar el saludo. En las
reuniones familiares la única que hubiera recibido con auténtico júbilo
a Verónica la Nieta hubiera sido Verónica la Abuela. Le habría dado
fuertísimos abrazos y muchos besos con los ojos llorosos de alegría, y
ambas se hubieran querido mucho y se habrían contado sus secretos,
y habrían tenido esa conexión peculiar que nace cuando el amor se
salta a los padres para caer directamente en los nietos. Verónica la
Abuela le habría dicho a su nieta, mientras hablaban en privado en la
cocina, que no le hiciera caso al resto de la familia porque ya
aprenderían a aceptarla como era. “Pase lo que pase, digan lo que te
digan, siempre me tendrás a mí, corazón mío”, le habría dicho.
A pesar de la firmeza de su carácter y del grande amor de su abuela,
es muy probable que Verónica la Nieta llegara a tal nivel de
exasperación con la situación política del país que optara por tomar
una acción concreta. Es posible que se le hubiera metido en la cabeza,
junto a un grupo de cinco compañeros -Carlos, Arnaldo, Santiago,
Antonia y Fefel-, organizar algún tipo de ataque simbólico contra un
edificio federal o una base militar del gobierno norteamericano, o
quizás contra las torres de comunicaciones del Cerro Maravilla, para
que el mundo supiera que la mansedumbre puertorriqueña no era
unánime. Y a causa de algún espía o agente encubierto (o por
cualquier otro motivo: un error en la planificación, digamos, o una
llanta vacía) es muy posible que a Verónica la Nieta las fuerzas del
gobierno la capturaran, y al verla bella y desafiante la hubieran
torturado y asesinado a modo de escarmiento para revolucionarios del
presente y del futuro, y luego la propia familia de Verónica la Nieta
habría reaccionado con indignados “Se lo dijimos, le dijimos a esa loca
que no se metiera en política”.
Ésa es la reacción de todos menos de Verónica la Abuela, a quien se le
calienta el rostro al ver en la televisión el cadáver de su nieta
querendona; siente un sofoco feroz, se agarra el pecho como si se le
quemara por dentro, pega el grito más agudo de su vida y cae al suelo
arrasada por un robusto ataque cardiaco. Varios días está al borde de
la muerte en la unidad de cuidados intensivos, y padece grandes
tormentos mentales cada vez que abre los ojos y ve, en el techo y en
las paredes de la habitación, imágenes sangrientas de su nieta
sometida al suplicio, el cuerpo violado y magullado de su querida nieta
a los pies de los torturadores. Pero gracias a los cuidados de sus hijos
y nietos, casi todos médicos, Verónica la Abuela se recupera del golpe
en pocos meses, aunque luego todos dicen, a sus espaldas y en voz
baja, que no ha quedado igual, que desde la muerte de su nieta -de
esa niña egoísta y desconsiderada- la abuela Verónica ha envejecido,
ya no se tiñe el pelo, no sonríe como antes, está hecha una anciana.
Todo esto pudo haber ocurrido, pero el 10 de mayo de 1898 el sexto
proyectil de la Guerra Hispano-Norteamericana, aunque simbólico,
mató a Verónica la Abuela en dos segundos y ya no hay forma de
saber qué habría sido de sus hijos ni de sus nietos, porque nunca los
tuvo. Pero sí se sabe lo que ocurrió con sus cinco hermanas y sus tres
hermanos, que estaban junto a ella en la Muralla de San Juan cuando
la grande bala de cañón la convirtió en montones de pedazos, y vieron
con estupor la muerte instantánea de esa dulce hermana que tanto
amaban y que sin querer los bañó con su sangre y los golpeó con los
pedazos de su carne. Largas son las historias de lo que han sufrido las
hermanas y los hermanos desde ese triste día, y largas son las
crónicas de los hijos de estos hermanos, que hubieran sido primos de
Verónica la Nieta, algunos de los cuales hasta han seguido los pasos
de esa prima que nunca tuvieron, pero estas historias no son parte de
este simple cuento, en que sólo se ha contado lo que nunca habrá de
ocurrir.
FIN
recomendamos el espacio periodístico del que tomamos este texto:


que se define como: un semanario de circulación nacional en Puerto Rico, que se fundó el 1 de junio de 1959. Es el periódico puertorriqueño de publicación ininterrumpida más antiguo de los que circulan actualmente.

CLARIDAD tiene como objetivo central ser un instrumento eficaz en la lucha por la independencia de Puerto Rico, que es la principal colonia en el mundo, bajo dominio de Estados Unidos desde 1898, como resultado de su invasión y ocupación.

Puerto Rico es una nación latinoamericana, integrada por cuatro millones de puertorriqueños residentes en territorio nacional y otros cuatro millones que habitan en Estados Unidos. Es un pueblo con su propia identidad y nacionalidad, cuajadas hace más de cien años, fortalecidas por un mismo idioma y por sus costumbres e idiosincrasia.

A través de su existencia, CLARIDAD ha ejercido un periodismo responsable, combativo y de denuncia, para contribuir a la consolidación de la conciencia nacional puertorriqueña, mediante criterios de análisis, información que arroje luz sobre la realidad nacional e internacional y dirección y coordinación de sus luchas.

También ha sido objetivo editorial prioritario de CLARIDAD vincular las aspiraciones y luchas de nuestro pueblo a las de nuestros hermanos en América Latina, región de la que Puerto Rico forma parte histórica y sociológicamente.


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